El miedo se ve antes de que el perro muerda: la cola entre las patas, las orejas atrás, el cuerpo agachado, la mirada fija. Reconocerlo a tiempo es lo que evita la mordida.
Un perro asustado no es un perro malo: es un perro que no puede escapar y que ya avisó de todas las formas en que sabe. Cuando llega a gruñir, es el último aviso.
- Deja las herramientas a la vista unos días antes, sin usarlas.
- Empieza por el contacto: unos segundos de tacto y un premio, y se termina.
- Sesiones de dos minutos, siempre más cortas de lo que aguanta.
- Trabaja en un lugar de la casa que no sea el baño ni una mesa.
- Sube el nivel de a poco: tacto, cepillo, dos pasadas, más pasadas.
- Si el perro se congela o se orina, se para: eso es también una respuesta de miedo.
En Manto Real, si un perro está realmente asustado, la sesión se corta y se retoma otro día. La mordida casi nunca es una «mala conducta»: es el miedo que llegó al final del camino.